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El Amor y los valores sociales

El amor y los valores sociales son fundamentales para el desarrollo de cualquier persona y cualquier sociedad. Comienzan a construirse desde la primera infancia, pero serán necesarios e insustituíbles durante toda la vida.

De la posibilidad de mantener vínculos emocionalmente placenteros y cognitivamente constructivos (vínculos de amor), depende nuestra capacidad para desarrollar una correcta regulación de las emociones negativas y de comprender y sostener los valores sociales.

Estudios demuestran que uno de los componentes más importantes en el desarrollo emocional y social de un niño es la adquisición de competencias para la regulación de las emociones negativas. (Blair y Diamond, 2008)

¿A qué se le denomina emocionalidad negativa?

Una emoción puede ser considerada negativa por las consecuencias desagradables que genera para una persona, por ejemplo una reacción de ira, o un estado de tristeza.  Pero principalmente se le denomina emocionalidad negativa a la dificultad que puede tener una persona en recuperar la estabilidad, la calma, luego de que un estímulo provocara la respuesta de enojo o tristeza.

Bajo la influencia de emociones negativas, no será posible la regulación de la conducta para sostener conductas coherentes con los valores sociales.

Algunas personas parecen ser más sensibles a determinadas señales ambientales que provocan una respuesta emocional negativa. (Pietromonaco y Barrett, 2009).

Tanto los niños como los adultos, podemos tener  una menor competencia social como consecuencia de una elevada reactividad a estímulos que provocan respuestas emocionales negativas y dificultades para recuperar la estabilildad anímica luego de la respuesta emocional.

Se considera que una persona es socialmente competente cuando es capaz de instrumentar valores sociales, porque sus conductas, indefectiblemente, tendrán consecuencias en su contexto social (por ello la impotancia de los valores sociales).

Las competencias sociales se van conformando a través del desarrollo y por la interacción con el contexto social y vital, y son capaces de modular las emociones básicas universales (alegría, tristeza, ira, asco y temor).

Este concepto es de fundamental importancia.

El aprendizaje de valores sociales es muy importante para el aprendizaje de la regulación de las emociones negativas.

Algunos estudios de resonancia magnética funcional revelan que el aprendizaje de valores sociales, produce cambios funcionales en el cerebro, incluso después de unas pocas semanas de entrenamiento; y que esos cambios correlacionan con una mejor capacidad para modular las respuestas emocionales. (Bartels, 2004).

El amor, se desarrolla a partir de la afectividad y el apego.

La afectividad puede definirse como una susceptibilidad a detectar cambios en el contexto, desde el punto de vista emocional.

El apego, puede definirse como un vinculación afectiva intensa.

Ambos procesos, el afecto y el apego, son fundamentales para desarrollar lo que denominamos como amor.

Sin amor, es decir, sin suficiente afecto (como para detectar cambios emocionales de las personas de nuestro contexto a fin de regular nuestro comportamiento para un bien en común), o sin suficiente apego (para vincularnos con los demás de manera profunda), resultará mucho más difícil alcanzar la comprensión y adhesión a los valores sociales.

Por ejemplo, el amor romántico y el amor maternal, son experiencias fundamentales relacionadas con la perpetuación de la especie, brindan seguridad y protección real frente a cualquier peligro o amenaza. Y por lo tanto representan un aspecto insustituible en el desarrollo de un niño.

Gracias a la posibilidad actual que tenemos de explorar el cerebro en vivo, algunos estudios, como el realizado por Andreas Bartels, se ha podido comprobar que el apego puede superar las distancias sociales, en el sentido de que la persona que ha adquirido un apego regulado, protector, tendrá menor reactividad negativa a las diferencias personales con los demás. Se produciría una desactivación de las redes cerebrales relacionadas al conflicto, a la evaluación social crítica y a las emociones negativas. Produciéndose además una mejor activación de los circuitos cerebrales de la recompensa, aquellos que nos provocan placer y motivación.

El amor, romántico, maternal, el incondicional, están soportados por diferentes redes cerebrales (según estudios de neuroimágenes), sin embargo todos comparten, o se solapan, con los circuitos de recompensa. (Bauregard, 2009).

Finalmente, la adquisición de valores socialescomo por ejemplo:

  • respeto
  • dignidad
  • igualdad social
  • cooperación
  • honestidad
  • honradez
  • sinceridad
  • fraternidad
  • responsabilidad
  • y la libertad

Depende de estar incluídos en vínculos de amor, desde la primera infancia, y durante toda la vida.

 

 

 

Bibliografía:

  • Bartels A, Zeki S. The neural correlates of maternal and romantic love. Neuroimage. 2004;21(3):1155–66.[PubMed]
  • Bauregard M, Courtemanche J, Paquette V, St-Pierre EL. The neural basis of unconditional love.Psychiatry Research. 2009;172(2):93–8. [PubMed]
  • Blair C, Diamond A. Biological processes in prevention and intervention: The promotion of self-regulation as a means of preventing school failure. Development and Psychopathology.2008;20:899–911. doi: 10.1017/S0954579408000436. [PMC free article] [PubMed]

Sobre Jorge Quiroga

Licenciado en Psicología, Universidad del Aconcagua, Mendoza, Argentina Estudios: Maestría en Neuropsicología, Instituto Escuela, Hospital Italiano de Buenos Aires, Argentina

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